Ayer en horas de la tarde/noche de Panamá, el sitio principal de Apple enmarcaba justo al inicio una foto de Steve Paul Jobs, co-fundador de Apple en donde nos dejaban saber la pérdida del visionario tras muchos de los productos de la empresa.
Steve Jobs luchaba con un cancer desde el 2004, contra el cual batallo durante muchos años hasta que ayer no pudo más. El cofundador de Apple, fundador de Pixar, aquel que cambió la manera que escuchamos música, el que cambió como utilizamos nuestro teléfono o simplemente nos hizo “ver la computación en una forma diferente” (quizás no siempre de la mejor manera) se fue, pero dejando atrás un legado enorme para los amantes de la tecnología en todo el mundo, a los cuales nos sumamos ya que muchas de las ideas que nos rodean salieron de él.
Como bien lo dijo en su discurso en Stanford, «la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha logrado escapar». Si no han visto este discurso, es realmente necesario que lo hagan:
Todo inicio en una cochera hace bastante tiempo atrás, sin computadoras personales, portátiles, teléfonos ‘inteligentes’, tablets ni nada. Hoy en día muchas de estas ideas salieron de él (y algunas fueron simplemente mejoradas). Al final, dejando todo a un lado y siendo objetivos: el mundo pierde alguien que ha cambiado la manera en que utilizamos la tecnología.
Al final me quedo con la despedida de Barack Obama, al enterarse de la pérdida de Jobs:
Steve era uno de los más grandes innovadores de América, lo suficientemente valiente como para pensar de manera diferente, lo suficientemente audaz para creer que podría cambiar el mundo, y con el talento suficiente para hacerlo.
Todo mediante la construcción de una de las compañías más exitosas del planeta en su garaje, que ejemplifica el espíritu del ingenio estadounidense. Al hacer los ordenadores personales y poner Internet en el bolsillo, hizo que la revolución de la información no sólo fuera accesible, sino intuitiva y divertida. Dándole vuelta a su talento para contar historias, ha traído alegría a millones de niños y adultos por igual. A Steve le gustaba decir que vivía cada día como si fuera el último. Porque lo hizo, transformó nuestras vidas, redefiniendo la industria entera, y logrando una de las hazañas más raras de la historia humana: cambió la forma en que cada uno de nosotros ve el mundo.
El mundo ha perdido a un visionario. Y no puede haber mayor tributo al éxito de Steve que el hecho de que gran parte del mundo se enteró de su muerte en un dispositivo de su invención. Michelle y yo enviamos nuestros pensamientos y oraciones a Laurene esposa de Steve, su familia, y a todos aquellos que lo amaban.